miércoles, 29 de julio de 2020

Juzgar o no Juzgar


Respuesta: El mandato de Jesús de no juzgar a los demás podría ser el más ampliamente citado de sus dichos, aunque casi invariablemente se cita descuidando totalmente su contexto. Aquí está la declaración de Jesús: "No juzguéis, para que no seáis juzgados" (Mateo 7: 1). Muchas personas usan este versículo en un intento por silenciar a sus críticos, interpretando que Jesús quería decir "Usted no tiene el derecho de decirme que estoy equivocado”. Tomado en forma aislada, el mandato de Jesús, "No juzguéis" parece en efecto excluir toda evaluación negativa. Sin embargo, hay mucho más respecto a este pasaje que esas dos palabras.

El mandamiento bíblico de que no juzguemos a los demás no significa que no podamos mostrar discernimiento. No mucho después de que Jesús dijo: "No juzguéis" afirmó: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos" (Mateo 7: 6). Poco después en el mismo sermón, dice: "Guardaos de los falsos profetas… Por sus frutos los conoceréis"(versículos 15 y 16). ¿Cómo vamos a discernir quiénes son los "perros", los "cerdos" y los "falsos profetas" a menos que tengamos la capacidad de hacer un juicio sobre las doctrinas y los hechos? Jesús nos está dando permiso para distinguir el bien del mal. Además, el mandamiento bíblico de que no juzguemos a los demás no significa que todas las acciones sean igualmente morales o que la verdad sea relativa. La Biblia claramente enseña que la verdad es objetiva, eterna e inseparable del carácter de Dios. Cualquier cosa que contradiga la verdad es mentira, pero desde luego llamar a algo "mentira" es juzgar. Decir que el adulterio o el asesinato son pecados es igualmente juzgar, pero también es estar de acuerdo con Dios. Cuando Jesús habló de no juzgar a los demás no quería decir que no se pueda identificar el pecado como lo que es, con base en la definición de pecado que da Dios.

Y el mandamiento bíblico de que no juzguemos a los demás no significa que no deba haber ningún mecanismo para lidiar con el pecado. La Biblia tiene todo un libro titulado Jueces. Los jueces del Antiguo Testamento eran puestos por Dios mismo (Jueces 2:18). El moderno sistema judicial, incluyendo a sus jueces, es una parte necesaria de la sociedad. Al decir "No juzguéis" Jesús no estaba diciendo: "Todo se vale". En otro pasaje, Jesús ordena directamente juzgar: "No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio" (Juan 7:24). Aquí tenemos una pista sobre el tipo correcto versus el tipo incorrecto de juicio. Usando este versículo y varios otros, podemos elaborar una descripción del tipo de juicio que es pecaminoso:

El juicio superficial es malo. 

Juzgar a alguien con base solo en las apariencias es pecado (Juan 7:24). Es absurdo sacar conclusiones antes de investigar los hechos (Proverbios 18:13). Simón el fariseo juzgó a una mujer con base en su apariencia y reputación, pero no pudo ver que la mujer había sido perdonada; por tanto, se atrajo el reproche de Jesús por su juicio injusto (Lucas 7: 36-50).

El juicio hipócrita es malo

El mandato de Jesús de no juzgar a los demás en Mateo 7:1 está precedido por comparaciones con los hipócritas (Mateo 6: 2, 5 y 16) y seguido por una advertencia contra la hipocresía (Mateo 7: 3-5). Cuando señalamos el pecado de otros mientras cometemos el mismo pecado, nos condenamos a nosotros mismos (Romanos 2: 1).

El juicio severo e implacable es malo. 

Debemos " [mostrar] toda mansedumbre para con todos los hombres " (Tito 3: 2). Los misericordiosos alcanzarán misericordia (Mateo 5: 7), y, como Jesús advirtió: "Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido" (Mateo 7: 2).

El juicio santurrón es malo. 

Estamos llamados a la humildad y "Dios resiste a los soberbios" (Santiago 4: 6). El fariseo de la parábola de Jesús sobre el fariseo y el publicano confiaba en su propia justicia y desde esa orgullosa posición juzgó al publicano; sin embargo, Dios ve el corazón y se negó a perdonar el pecado del fariseo (Lucas 18: 9-14).

El juicio falso es malo. 

La Biblia claramente prohíbe dar falso testimonio (Proverbios 19: 5). "Que a nadie difamen" (Tito 3: 2).

A los cristianos se les acusa a menudo de "juzgar" o de ser intolerantes cuando hablan contra el pecado. Pero oponerse al pecado no es malo. El hecho de mantener la norma de la justicia define naturalmente la injusticia y atrae los golpes y los dardos de los que optan por el pecado más bien que por la vida que agrada a Dios. Juan el Bautista incurrió en la ira de Herodías cuando habló en contra del adulterio de ella con Herodes (Marcos 6: 18-19). Con el tiempo ella silenció a Juan, pero no pudo silenciar la verdad (Isaías 40: 8). A los creyentes se les advierte contra juzgar a los demás en forma injusta o parcial, pero Jesús elogia el "juicio justo" (Juan 7:24, Biblia Reina Valera). Debemos discernir (Colosenses 1:9; 1 Tesalonicenses 5:21). Debemos predicar todo el consejo de Dios, incluyendo la enseñanza de la Biblia sobre el pecado (Hechos 20:27; 2 Timoteo 4: 2). Debemos enfrentar con mansedumbre a los hermanos o hermanas en Cristo que se han desviado (Gálatas 6: 1). Debemos practicar la disciplina de la iglesia (Mateo 18: 15-17) y decir la verdad en amor (Efesios 4:15). 

Got Questions

domingo, 28 de junio de 2020

Hola Dios...


Yo: Hola, Dios. ¿Te puedo hacer una pregunta?

Dios: ¡Por supuesto!

Yo: ¿Me prometes que no Te vas a enojar?

Dios: No tengas miedo.

Yo: ¿Por qué dejaste que hoy me pasaran tantas pero tantas cosas?

Dios: ¿A qué te refieres?

Yo: Bueno, primero que nada, me quedé dormido.

Dios: Es verdad…

Yo: Después no me arrancó el auto porque se me acabó la batería y tuve que pedirle a alguien que me ayudara con los cables…

Dios: Ok…

Yo: En el almuerzo me trajeron un plato que no había pedido y hasta que se dieron cuenta, ya no me quedó tiempo para comer y volví con hambre a la oficina…

Dios: Continúa…

Yo: Cuando salí de la oficina, sonó el celular y quise contestar, pero justo entonces se me resbaló y se cayó al suelo y se rompió.

Dios: ¿Qué más?

Yo: Como si todo eso fuera poco, cuando llegué a casa, lo único que quería era tranquilizarme un poco después de todo lo que pasé, y me senté con el masajeador de pies que me compré el otro día… ¿y sabes lo que me pasó? ¡Me di cuenta de que me lo vendieron sin el cable!

Dios: Entiendo…

Yo: Hoy todo me salió mal, solamente problemas tuve todo el día. Pero ¿Por qué me hiciste todo esto, Dios mío?

Dios: Déjame que me acuerde…

Ah sí… Resulta que hoy a la mañana el Ángel de la Muerte fue a hacerte una visita cuando todavía estabas en la cama y me vi forzado a enviar a mis ángeles para que se le enfrentaran… Y mientras tanto, te dejé dormir… Después no dejé que te arrancara el auto porque precisamente en el momento en que ibas a salir pasó por ahí un conductor borracho que regresaba de toda una noche bebiendo whisky y si hubieras salido con el auto, te habría chocado. 

Ah sí… y el mozo del restaurante que te preparó el plato estaba enfermo, y si te hubieras contagiado, habrías sufrido enormemente y habrías perdido varios días de trabajo, que Yo sé que tanto necesitas…

La persona con la que te paraste a hablar por teléfono después tenía pensado mentir respecto a todo lo que le ibas a decir, y eso te habría causado un enorme daño – por eso preferí que no le respondieras…

Ah… y con respecto al masajeador que compraste el otro día, resulta que tenía un desperfecto interno y si lo hubieras enchufado se habría producido un cortocircuito y habrías corrido gran peligro de electrocutarte.

Entonces… ¿Qué aprendemos de esto?

Que todos los días tenemos conversaciones como esta, pero con una sola diferencia: Que muchos de nosotros simplemente no queremos escuchar lo que Dios quiere decirnos.

¡Cada cosa que nos pasa, es todo, absolutamente TODO, para bien!

¡Que Su Gran Nombre sea alabado por siempre!

Breslev Español

viernes, 29 de mayo de 2020

El Arrebatamiento


1. ¿Qué es el Arrebatamiento?

En la escatología cristiana, el arrebatamiento o arrebatamiento de la Iglesia, es la creencia de que al descender Jesús del Cielo, los muertos que llevaron una vida cristiana resucitarán​ y los creyentes que se hallen vivos serán raptados o llevados de la tierra junto con ellos (los creyentes muertos resucitados) para encontrarse con Dios en el Cielo.​

La palabra “arrebatamiento” no se encuentra en la Biblia. El término viene de una palabra latina que significa "llevar, quitar o un arrebato". Sin embargo, el concepto del arrebatamiento es claramente enseñado en la Escritura.

El concepto tiene su base en varias interpretaciones del libro bíblico de Primera de Tesalonicenses y cómo se relaciona con las interpretaciones de varios otros pasajes bíblicos, como los de Segunda de Tesalonicenses, el evangelio de Mateo, Primera de Corintios y el libro del Apocalipsis.

2. ¿Cómo se llevará a cabo el Arrebatamiento?

- Los muertos en Cristo resucitarán primero. (1 Tesalonicenses 4:16)
- Los vivos y los muertos resucitados serán llevados juntos en las nubes para encontrarse con el Señor en el aire. (1 Tesalonicenses 4:17)
- El arrebatamiento ocurrirá durante la Parusía. "Los que están vivos y permanecen hasta la Venida del Señor (Parusía en griego), serán arrebatados juntamente con ellos [los muertos resucitados] en las nubes para recibir al Señor en el aire" (1 Tesalonicenses 4:17)
- La reunión con el Señor será permanente. "Y así estaremos siempre con el Señor" (1 Tesalonicenses 4:17)

3. ¿Por qué es necesario el Arrebatamiento?

Porque finalmente estaremos libres de pecado, y estaremos para siempre en la presencia de Dios. Existe mucho debate sobre el significado y alcance del arrebatamiento. Esta no es la intención de Dios. Más bien, el arrebatamiento debe ser una doctrina consoladora llena de esperanza; Dios quiere que al considerar el arrebatamiento “nos animemos unos a otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:18).

4. ¿Quiénes serán arrebatados?

En el punto de vista pre-milenarista, el arrebatamiento sería antes de un milenio literal. Dentro del pre-milenarismo, la posición pre-tribulacionista es la visión más predominante entre todas que distingue el arrebatamiento y la segunda venida como dos eventos diferentes. También hay otras posiciones dentro del pre-milenarismo que difieren con respecto al momento del rapto.

Dios “quita” a los creyentes de la tierra para dar paso a Su justo juicio que será derramado sobre la tierra durante el período de la tribulación. El arrebatamiento se describe primeramente en 1 Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:50-54. Dios resucitará a todos los creyentes que han muerto, dándoles cuerpos glorificados, y después partiendo de la tierra con aquellos creyentes que estén aún vivos, a quienes también les serán dados cuerpos glorificados. “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:16-17).

5. ¿Cuándo ocurrirá el Arrebatamiento?

Según 1 Tesalonicenses 4: 16-17 y Mateo 24: 37-40, el arrebatamiento ocurriría en la Parusía del Señor, donde se usa la palabra griega "Parusía" para describir los eventos: Leer: 1 Tesalonicenses 4: 16-17 y Mateo 24: 37-40.

6. ¿Cómo debemos prepararnos para el Arrebatamiento?

Solo Dios sabe con total certeza cómo sucederá esto, si serán eventos simultáneos o no. Pero lo que realmente importa es que estemos seguros de que nuestras vidas le pertenecen a Dios porque hemos recibido a Jesús como Salvador. Debemos vivir llenos de su Espíritu Santo permitiéndole que nos guíe siempre para que vivamos de acuerdo con su voluntad.

Otra forma sería:

No permitamos que la mentira y el engaño del maligno nos hagan dudar de esta (nuestra) realidad.

Dios está con nosotros. Es en su presencia donde recibimos toda la fortaleza necesaria para hacer frente a las pruebas de esta vida.

Dios es bueno y tiene todo el control. La realidad es que la bondad de Dios no ha terminado y todavía él está en el control de todo lo que sucede. Aun en medio de la incertidumbre de los tiempos presentes y de circunstancias que no logramos comprender, tenemos que seguir confiando en la bondad, el amor y el poder de nuestro Dios. Él nunca cambia.

Roque Puell López Lavalle

martes, 28 de abril de 2020

Tu preocupación no mueve la mano de Dios


El preocuparte por las cosas que no puedes resolver no te ayuda a solucionar la situación, solo es una pérdida de tiempo. ¡Es como si te sentaras en una silla mecedora que te mantiene ocupada pero no te lleva a ninguna parte!

Cuando tu mente está completamente concentrada en los problemas te impide tener paz en tu corazón, poder meditar en la Palabra de Dios y ser un hombre de poder. Jesús dijo: “pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que ésta no llega a dar fruto” (Marcos 4:19, NVI).

Tal vez sientas, en este momento, que estás enfrentando una situación difícil e imposible, y te preocupas por lo que podrías hacer para solucionarlo, pero, si eso es lo único que haces, le estás demostrando a Dios que no dependes de Él sino de tus propias fuerzas. Jesús dijo: “separados de mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:5, NVI). Fuiste creado por Dios para depender de Él, entregarle a Él todos los retos de tu vida y permitirle que te ayude con ellos.

¡Dios no te diseñó para que llevaras a cuestas tantos problemas! Él te hace descansar porque sabe que es necesario, Jesús hizo el llamado diciendo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28, RV60). Jesús quiere que le entregues tus cargas porque Él tiene cuidado de ti. Existen muchas cosas en la vida sobre las cuales no puedes hacer nada al respecto, pero ¡Dios si puede!

Debes entender: “Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios” (Lucas 18:27, NVI). ¡Dios hizo todo lo que ves de la nada, Él puede hacer brotar agua de la roca! Sustituye la preocupación por la confianza en Dios y verás progreso.

Tu preocupación no mueve la mano de Dios, pero ¡Tu fe si lo hace!

¡LEVÁNTATE DE LA MECEDORA DE LA PREOCUPACIÓN Y AVANZA!

No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias (Filipenses 4:6, NVI).

Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes (1 Pedro 5:7)

Adaptado

martes, 31 de marzo de 2020

¿Qué es perdonar?


Perdonar es abrir una válvula de escape para permitir la salida del veneno acumulado por el rencor y el resentimiento. Cuando una persona perdona, no está ayudando a quien la ofendió, se está ayudando a sí misma, porque se está deshaciendo de los sentimientos negativos y está recuperando el equilibrio y la paz interior.

En toda relación humana se generan problemas y desacuerdos, se producen situaciones que pueden causar molestia y enojo, pero eso no implica que se tengan que quedar cuentas pendientes.

Hay dificultades y malos entendidos, incluso problemas graves de relación, pero si no se perdona, si se guarda rencor, la relación se va a corroer y la infelicidad de ambos va a ser la principal consecuencia. El perdón no es cuestión de razón. El perdón en muchas ocasiones aparece como algo "ilógico", hasta cierto punto irracional, pero lograr perdonar y liberarse del rencor tiene su lógica y su metodología.

¿Cómo evitar el círculo vicioso?

Para evitar que esa cadena de resentimientos y agresiones se convierta en algo interminable, es necesario aprender a perdonar, sin condiciones, sincera y generosamente. Para poder llegar al perdón, cuando se ha sufrido una ofensa, es conveniente tomar en consideración los siguientes puntos:

Aceptar el dolor: Tratar de aparentar que "al cabo no me importa", es echarle tierra al asunto, pero debajo de esa tierra queda el resentimiento. Solamente reconociendo y aceptado el dolor se puede trabajar para eliminarlo de raíz.

Evitar la competencia: En ocasiones se toma la actitud de "si el otro me hizo, yo le hago.." No se trata de ver a quién le va peor, pues esa es una actitud de: "yo pierdo y tú también", que resulta autodestructiva.

Valorar la ganancia, no la pérdida. Perdonar implica recuperar la paz interior, el equilibrio emocional. Al perdonar, la más beneficiada es la persona que otorga el perdón porque se deshace de los sentimientos negativos.

Buscar soluciones, no al culpable: Lo importante al perdonar es encontrar la manera de restablecer la relación y mejorarla, en vez de identificar quién tiene la culpa de que las cosas no marchen bien.

Evitar poner condiciones: Cuando se ponen condiciones, se corre el riesgo de caer en el chantaje. "Te perdono si tú haces esto o aquello". "Cuando vea que cambiaste, entonces te perdonaré". Estos planteamientos implican una compensación o una especie de desquite y mantienen vivas las actitudes negativas.

Regalar en vez de cobrar: El perdón es un regalo, no es una factura que más tarde se va a cobrar. Perdonar implica decirle al otro: "te perdono, sin pedir nada a cambio". Si se pide algo a cambio, si se cobra ya no hay perdón, hay transacción.

El perdón es como el amor, simplemente se da como un regalo, sin condiciones. Cuando se toman actitudes de desquite, cuando se guardan cuentas pendientes, cuando se entra en un juego de "toma y saca", se está cultivando la infelicidad. ¿Por qué estar luchando contra nuestra propia felicidad? El perdón generoso, desinteresado, es una excelente inversión, ¡Se está invirtiendo en la propia felicidad!.

Compilado



domingo, 16 de febrero de 2020

Dios responde a nuestras excusas



Tú dices: Estoy demasiado cansado.
Dios dice: Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga (Mateo 11:28-30).
Tú dices: Nadie me quiere.
Dios dice: Te amo. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna (Juan 3:16). Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros (Juan 13:34).
Tú dices: No puedo continuar.
Dios dice: Mi gracia es suficiente y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12:9).
Tú dices: No sé cuál camino tomar.
Dios dice: Yo puedo dirigir tus pasos. Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas (Proverbios 3:5-6).
Tú dices: No lo puedo hacer.
Dios dice: Todo lo puedes en mí. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13).
Tú dices: No es posible. Dios dice: ¿Hay algo imposible para mí? He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí? (Jeremías 32:17).
Tú dices: No vale la pena.
Dios dice: Todas las cosas nos ayudan a bien. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados (Romanos 8:28).
Tú dices: No puedo perdonarme a mí mismo.
Dios dice: ¡Te perdono! Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:9).
Tú dices: No puedo proveer para mi familia.
Dios dice: Yo supliré todo lo que falta. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4:19).
Tú dices: Tengo miedo.
Dios dice: No te he dado espíritu de temor. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio (2 Timoteo 1:7).
Tú dices: Siempre estoy preocupado y frustrado.
 Dios dice: Echad tus ansiedades sobre mí. Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros (1 Pedro 5:7).

Adaptado

viernes, 31 de enero de 2020

La verdad sobre la confesión positiva


Desde hace más de una década ha venido infiltrándose entre la cristiandad evangélica la teoría, tal vez muy atractiva, pero del todo no-bíblica, acerca de la importancia sobrenatural de lo que pronunciamos con nuestros labios. El peso propio que se le concede a la Palabra llega hasta los extremos de creer que si digo "me muero de la jaqueca", en efecto moriré, y por tanto, si de verdad me duele la cabeza más bien deberé decir "no me duele nada", y entonces se me pasará la dolencia como por arte de magia... 

Si quiero un auto rojo, deportivo y descapotable, escribo sus características en un papel y lo pego en un lugar visible, de modo de poder repetir lo que he escrito con cierta asiduidad, a fin de que, por la fuerza que tienen mis palabras, el Señor, solícito en escucharme, no tarde en responder a todas mis peticiones. Es verdad que las Sagradas Escrituras hablan de la importancia de algunas cosas que se confiesan con los labios. Pero, curiosamente, eso que se debe confesar es el señorío de Jesucristo, y su obra redentora en favor nuestro: Romanos 10:9, 1ª Reyes 8:35, 2ª Crónicas 6:24, Mateo 10:32, Lucas 12:8, etc., y otra clase de confesión, netamente bíblica, como es la de los pecados, para salvación: Levítico 5:5, 1ªJuan 1:9, Nehemías 9:2, Salmos 32:5, Mateo 3:6, etc. 

Sin embargo, lo que realmente esta tendencia viene a tratar de imponer, es la creencia o la confianza en la palabra, como valor absoluto: Esto quiere decir que lo que digo tiene poder en sí mismo, independientemente de la voluntad divina al respecto. Es más, lo que pronuncio con mis labios de alguna manera pone en funcionamiento la voluntad de Dios, llegando entonces al abismo ilógico de creer que el Señor depende de mí, y no yo de Él, como cualquier pensamiento racional haría suponer. Frente a semejante contradicción, o nos detenemos o saltamos: No hay término medio. 

Esta seudo-doctrina presentada por sus defensores como un gran hallazgo de hombres de Dios iluminados por una nueva revelación, no es por cierto nada nuevo. Al fin, deberíamos creer que no hay nada nuevo debajo del sol... 

En efecto, está tomada de cosmovisiones tan antiguas como el hombre mismo: El valor mágico de las palabras proviene de creencias esotéricas, orientales, más cercanas a brujos y chamanes que a ideales bíblicos. Y más cercano en el tiempo, vuelve a ser considerada y adoptada por la Nueva Era que, como todos sabemos, no es una religión o una secta, sino una corriente de pensamiento que invade e infiltra todos los estratos sociales, todos los niveles culturales, todas las disciplinas. La Nueva Era aconseja: acéptate y sé feliz. Y si hay algo que te "desarmoniza", desconócelo y repite que todo está bien, hasta que realmente creas que está bien... 

Sucede que, aunque no podamos encontrar nada semejante en la Biblia, esto funciona: Acaricia la carne, alimenta el ego, nos convence de que somos los mejores y de que nada puede pararnos...¿O no somos hijos del Poderoso? Mientras tanto, la cruz, el negarse a sí mismos, el ver nuestras justicias como trapo de inmundicia, el ser barro en manos de un alfarero...todo esto, y mucho más, queda arrumbado en el último rincón del desván de nuestra alma...¿Quién quiere ser un perdedor? 

La confesión positiva nos anima a desconocer cualquier cosa que no nos agrade o que nos duela: Si estoy en la ruina, no debo decirlo, porque mi Dios es el dueño de todas las riquezas. Si estoy enfermo, tampoco debo decirlo, porque por sus llagas fuimos nosotros curados... En cambio, sólo debo pronunciar lo que quiero en mi corazón, y sólo porque lo diga, entonces se cumplirá. Así y todo, tampoco debo suplicar o pedir por favor: únicamente ordenar, y entonces todas las huestes angélicas se pondrán en movimiento sólo por el poder de mis palabras... 

En la misma vía de razonamiento, tampoco habrá que temer nada, por aquello de que "...el temor que me espantaba me ha venido y me ha acontecido lo que yo temía." (Job 3:25) Los que así creen no advierten que esta no es la verdadera interpretación de este pasaje. La declaración de Job no hace referencia a una cuestión de causa-efecto: porque lo temí, entonces me sobrevino. Solamente es una afirmación, carente de toda otra segunda acepción: le sobrevino, lo que temía. El por qué es algo sobre lo que Job no se expide. 

Así las cosas, el cristiano se ve de golpe convertido en un superhombre, que de tener fe, todo lo puede: ¿Podrá también torcer la voluntad de Dios? Esta nueva ola de interpretación, entonces, vulnera por lo menos dos nociones fundamentales en el ideario cristiano: la fe y la soberanía de Dios. 

En cuanto a la fe, puntualizaremos algunas cuestiones acerca de sus características fundamentales. El libro de Romanos es verdaderamente una enciclopedia de la fe. En él se nos aclara que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (Romanos 10:17). Para empezar, entonces, podemos afirmar que la fe no es un disparo al aire, sino que responde a una palabra de Dios. Se debe tener fe en lo que Dios nos dice, jamás sólo en lo que se nos ocurre. Puedo decirle a ese monte que se eche en el mar, pero si Dios no me ha dicho que lo haría, en vano hablaré, gritaré o proclamaré...Puedo declarar con mis labios que algún paralítico ande, pero si no lo ha determinado así el Señor, solamente conseguiré destruir una vida... 

Revisemos la vida del padre de la fe, Abraham: Cuando el todavía Abram sale de su tierra. ¿Lo hace sólo porque se le antoja? Mas bien fue por fe, pero su fe estaba fundamentada en lo que Dios le había hablado. Era tal vez una locura, era casi algo irracional, pero Dios lo había dicho. Y sobre eso ejercía fe.(Génesis 12 y sgtes.) 

Cuando Noé sube al arca, y antes, cuando la construye (Génesis 6 y sgtes.) ¿No estaba respondiendo a una palabra de Dios? ¿Qué decir de Moisés, Gedeón, Sansón, David y otros grandes héroes que engalanan la galería de Hebreos 11? 

No es mi fe la que pone en movimiento la maquinaria divina, sino a la inversa: La palabra de Dios, emitida de acuerdo con su soberana voluntad, pone en funcionamiento la fe, la cual es también un don de Dios. (Efesios 2:8, 1ª Corintios 12:9) 

Si el Señor, pues, te dice que te dará un auto rojo deportivo y descapotable, ten fe, aunque parezca una locura...Si, por el contrario, El nada te ha dicho, quizás la locura sea pretender obtenerlo. 

De la mano de una fe bien entendida, camina la soberanía de Dios. Ella implica que Dios, y sólo El, es absoluto, dueño de todo. El motor inmóvil de la filosofía, la causa eficiente, el acto puro. Todo es por El y para El, y nada sucede si el Señor no lo ha previsto. El es, efectivamente, el Señor, amo absoluto, no un vasallo de los caprichos, necesidades u ocurrencias humanas. El hace el día bueno y el malo, El nos da bonanza o nos somete a la adversidad, El nos enriquece o nos empobrece, nos lleva o nos trae, nos pone o nos saca, nos da o nos quita...¿Quién se atreverá a decirle qué haces? 

Leamos atentamente algunos textos: Eclesiastés 7:14, Isaías 45: 9-9-12, Deuteronomio 4:39, 1ª Crónicas 29:12, Job 9:12, Salmos 29:10, 135:6, Daniel 4:35, 2º Reyes 19:28, Romanos 9:19, etc. En todos ellos, y en muchos otros que podríamos citar, se aclara meridianamente que por sobre lo que creemos, o pretendemos creer, está Dios, sentado en su trono, decidiendo lo que es bueno o no para sus hijos. 

Los cristianos no somos, ni fuimos llamados a ser, super-héroes. Por la cruz fuimos salvados, y con ella misma en los hombros debemos caminar por donde anduvo el Señor... ¿Desear cosas? ¿Anhelar cosas? ¿Esperar cosas? ¿Orar por ellas? Esta muy bien, ¿A quién otro podríamos recurrir? Pero nunca creer que nuestra palabra o nuestro poder puede realmente traer a la realidad lo que deseamos, como, pasmosamente, se nos enseña en La cuarta dimensión, de Yonggi Cho. 

Podemos proclamar lo que deseamos, pero sólo como una manera de alimentar nuestra fe, nunca con la ilusión oculta de que nuestras órdenes sean justamente eso para Dios. La única confesión verdaderamente positiva que conozco es aquella de reconocimiento a Dios por sobre todas las cosas: El lo es todo, en todo. Si vivimos de acuerdo con esta premisa puede ser que todo en nuestra vida cambie. Ya no seremos los nuevos adalides contemporáneos, pero estaremos más cerca del Siervo, el que descendió a la condición humana, el que lavó los pies de sus discípulos, el que fue a la cruz para rescatarnos... 

Porque, debemos comprenderlo, Dios no comparte su gloria con nadie.

Eliana Gilmartin