miércoles, 29 de mayo de 2019

¿Es Jesús Dios?


¿Alguna vez has conocido a alguien con tal magnetismo personal que ellos son siempre el centro de atención? Quizás sea su personalidad o su inteligencia –pero algo acerca de ellos es enigmático. Bueno, esa es la manera en que fue hace dos mil años con Jesucristo. Pero, mientras muchos personajes grandes sencillamente se pierden en los libros históricos, Jesús de Nazaret sigue siendo el enfoque de múltiples libros y controversias en los medios de comunicación.

Pero lo que hace a Jesús relevante aún hoy en el siglo 21 es la convicción de sus seguidores de que resucitó de la muerte y las afirmaciones sorprendentes que él hizo acerca de si mismo.  Como un impredecible carpintero de un pequeño pueblo en Galilea de Israel, Jesús hizo afirmaciones que, si son ciertas, tienen implicaciones profundas en nuestras vidas. Según Jesús, usted y yo somos especiales, parte de un gran plan cósmico.
Principalmente fueron las escandalosas afirmaciones de Jesús que le causaron ser visto como una persona excéntrica tanto por las autoridades romanas como por la jerarquía judía. Si bien él era un forastero sin credenciales o base de poder político, dentro de tres años, Jesús cambió el mundo para los siguientes 20 siglos. Otros líderes morales y religiosos han dejado un impacto – pero nada como ese desconocido carpintero de Nazaret.

¿Qué era lo que en Jesucristo hizo la diferencia? ¿Era él meramente un gran hombre, o algo más?

Estas preguntas llegan al corazón de quien fue Jesús realmente. Algunos creen que él era meramente un gran maestro moral; otros creen que él era simplemente el líder de la más grande religión del mundo. Pero muchos creen algo más grande. Los cristianos creen que Dios de hecho nos ha visitado en forma humana. Y ellos creen en la evidencia que lo respalda. Entonces, ¿Quién es el verdadero Jesús? Echemos un vistazo más de cerca.

Así como nosotros tomamos un vistazo más profundo a la persona más controversial del mundo, empezamos preguntándonos: ¿Jesús podría haber sido meramente un gran maestro moral?

¿Un Gran Maestro de la Moral?

Casi todos los eruditos reconocen que Jesús fue un gran maestro moral. De hecho, su brillante entendimiento de la moralidad humana es un logro reconocido incluso por aquellos de otras religiones. En su libro Jesús de Nazaret, el erudito judío Joseph Klausner escribió, “Es universalmente admitido… que Cristo enseñó las más puras y sublimes éticas… las cuales arrojan los preceptos morales y máximas de los hombres más sabios de la antigüedad lejos dentro de la sombra.”[1]

El sermón del monte de Jesús ha sido llamado la enseñanza más excelente de ética humana jamás pronunciada por un individuo. De hecho, mucho de lo que nosotros conocemos hoy como “igualdad de derechos” en realidad son el resultado de la enseñanza de Jesús. El historiador Will Durant dijo de Jesús que “él vivió y luchó incansablemente por la `igualdad de derechos’; en tiempos modernos él habría sido enviado a Siberia. ‘El que es mayor entre ustedes, será vuestro siervo’- esta es la inversión de toda sabiduría política, de toda cordura”.[2]

Algunos han tratado de separar las enseñanzas de Jesús en ética de las afirmaciones sobre él mismo, creyendo que él fue simplemente un gran hombre quien enseñó elevados principios morales. Esta fue la propuesta de uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos de América.

El Presidente Thomas Jefferson, nunca el educado racionalista, se sentó en la Casa Blanca con dos copias idénticas del Nuevo Testamento, una recta punta de navaja, y una gavilla de un octavo de tamaño de papel. En el transcurso de unas pocas noches, él hizo un rápido trabajo de cortar y pegar su propia Biblia, un delgado volumen que él llamó “La filosofía de Jesús de Nazaret”. Después de cortar cada pasaje que sugería la naturaleza divina de Jesús, Jefferson tenía un Jesús quien era no más ni menos que un buen guía ético.[3]

Irónicamente, las palabras memorables de Jefferson en la Declaración de Independencia tienen sus raíces en la enseñanza de Jesús de que cada persona es de inmensa e igual importancia para Dios, sin tener en cuenta el sexo, la raza o el estatus social. El famoso documento expone,: “Nosotros sostenemos estas verdades que son evidentes por sí solas, de que todos los hombres son creados iguales, que ellos son dotados por su creador con ciertos derechos inalienables…”

Pero la pregunta que Jefferson nunca hizo es: ¿Cómo podría Jesús ser un gran líder moral si él mintió acerca de ser Dios? Entonces quizás él no era realmente moral después de todo, pero su motivo fue comenzar una gran religión. Veamos si eso explica la grandeza de Jesús.

¿Un Gran Líder Religioso?

¿Se merecía Jesús el título de “gran líder religioso? Sorprendentemente, Jesús nunca proclamo ser un líder religioso. Él nunca se metió en la política religiosa o impulsó una agenda ambiciosa, y él ministró casi en su totalidad fuera de la establecida estructura religiosa.

Cuando uno compara a Jesús con los otros grandes líderes religiosos, una notable distinción emerge. Rabí Zacarías, quien creció en una cultura hindú, ha estudiado las religiones del mundo y observó una distinción fundamental entre otros fundadores religiosos y Jesucristo.

“Lo que sea que nosotros podamos pensar de sus afirmaciones, una realidad es inevitable. Ellos son profesores que apuntan a  sus enseñanzas o muestran una manera particular. En todo esto, ahí emerge una instrucción, una manera de vida. No es Zoroastro a quien usted se vuelve, no es Zoroastro a quien usted escucha. No es Buda quien te libra; son sus Verdades Nobles que te instruyen. No es Mahoma quien te transforma; es la belleza del Corán que te corteja. Por contraste, Jesús no solo enseña o expone Su mensaje. Él era idéntico con Su mensaje.”[4]

La verdad del punto de Zacarías subrayado por el número de veces en los evangelios que la enseñanza del mensaje de Jesús fue sencillamente “Ven a mí” o “Sígueme” u “Obedéceme”. También, Jesús hizo claro que su misión principal era perdonar los pecados, algo que solo Dios podía hacer.

Ningún otro líder religioso importante jamás proclamó tener el poder para perdonar pecados. Pero esa no es la única afirmación que Jesús hizo que lo separan de los otros. En The World´s Great Religions, (Las Grandes Religiones del Mundo) Huston Smith observó, “Solo dos personas asombraron a sus contemporáneos tanto que la pregunta que evocaron no fue ´ ¿Quién es él?’ sino ´ ¿Qué es él?´ Ellos fueron Jesús y Buda. Las respuestas que estos dos dieron fueron exactamente contrarias. Buda dijo inequívocamente que él era un mero hombre, no un dios –casi como si él preveía intentos más tarde de adorarle. Jesús, por otra parte, afirmó…ser divino.”[5]

¿Jesús afirmaba ser Dios?

Claramente, desde los primeros años de la iglesia, Jesús fue llamado Señor y considerado por la mayoría de los cristianos como Dios.Sin embargo su divinidad fue una doctrina que fue sometida a gran debate. Entonces la pregunta—y es la pregunta—es esta: ¿Realmente afirmaba Jesús ser Dios (el Creador), o fue su divinidad algo inventado o asumido por los autores del Nuevo Testamento? (Ver “¿Afirmó Jesús ser Dios?”)

Algunos eruditos creen que Jesús era un maestro tan poderoso y un personaje tan fascinante que sus discípulos solo asumieron que él era Dios. O tal vez ellos solo querían pensar que él era Dios. John Dominic Crossan y el Seminario Jesús (un grupo escéptico marginal de estudiosos con presuposiciones en contra de los milagros) están entre aquellos que creen que Jesús fue divinizado por error. Aunque libros como El Código Da Vinci argumentan que la divinidad de Jesús fue una doctrina tardía de la iglesia, la evidencia muestra lo contrario. La mayoría de cristianos que aceptan los evangelios como fiables insisten que Jesús afirmó su deidad.  Esa creencia puede ser trazada hasta los seguidores inmediatos de Jesús.

Pero hay aquellos que están dispuestos a aceptar a Jesús como un gran maestro, pero indispuestos a llamarle Dios. Thomas Jefferson no tuvo problema aceptando las enseñanzas de Jesús en moralidad y ética mientras negara su deidad.[6] Pero como hemos dicho, y estudiaremos más adelante, si Jesús no fue quien él afirmó ser, entonces debemos examinar algunas otras alternativas, ninguna de las cuales lo harían un gran maestro moral.
Incluso una lectura superficial de los evangelios revelan que Jesús afirmaba ser alguien más que un profeta como Moisés o Daniel. Pero es la naturaleza de esas afirmaciones lo que nos preocupa. Dos preguntas son dignas de atención.

• ¿Realmente afirmó Jesús ser Dios?

• Cuando él dice “Dios,” ¿Jesús realmente quiso decir que él era el Creador del universo del que se habla en la Biblia Hebrea?

Para dirigir estas preguntas, consideremos las palabras de Jesús en Mateo 28:18: “Se me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.” ¿Qué quiso decir Jesús cuando afirmó tener toda autoridad en el cielo y en la tierra?

Antes de que Jesús tomara la forma de hombre, se nos dice que co-existía eternamente con su Padre, y que Dios le había dado toda autoridad.  Pero Filipenses 2:6-11 nos dice que aunque Jesús había existido en forma de Dios, se “vació” de los poderes de Dios para ser hecho un ser humano.  Sin embargo, el mismo pasaje nos dice que después de su resurrección Jesús fue restaurado a su gloria anterior, y que un día “toda rodilla se arrodillará ante él como Señor.”

Por lo tanto, ¿Qué quiso decir Jesús cuando afirmó tener toda autoridad en el cielo y en la tierra? “Autoridad” era un término bien entendido entre los romanos-que ocupaban el territorio de Israel. En ese momento, César era la autoridad suprema en el mundo romano entero. Su edicto podría al instante lanzar legiones para la guerra, condenar o exonerar a criminales, y establecer leyes y reglas de gobierno. De hecho, la autoridad del César era tal que él mismo alegó divinidad.

Entonces, al menos Jesús estaba afirmado autoridad comparable a César mismo. Pero él no dijo solamente que él tenía más autoridad que los líderes judíos o gobernantes romanos; Jesús estaba afirmando ser la autoridad suprema del universo. Para aquellos a quienes él les habló, significó que él era Dios. No un dios—pero el Dios.  Ambas sus palabras y acciones testificaban al hecho de que creían que Jesús era Dios.

 ¿Jesús afirmó ser el Creador?

Pero, ¿Es posible que Jesús estuviera solo reflejando la autoridad de Dios y no estaba declarando que él era el verdadero Creador? A primera vista eso parece creíble. Sin embargo la afirmación de Jesús de tener toda autoridad parece tener sentido solo si él es el Creador del universo. La palabra “toda” abarca todo, incluyendo la creación misma.

Así como miramos más profundo dentro de las propias palabras de Jesús, un patrón parece emerger. Jesús hizo afirmaciones radicales sobre él mismo que, si ciertas, inconfundiblemente apuntan s su deidad. Aquí esta una lista parcial de tales declaraciones como registradas por relatos de testigos oculares.

•“Yo soy la resurrección y la vida.” (Juan 11:25)
•“Yo soy la luz del mundo.” (Juan 8:12)
•“Yo y mi padre somos uno.” (Juan 10:30)
•“Yo soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Ultimo, el Principio y el Fin.” (Ap. 22:13).”
•“Yo soy el camino, la verdad, y la vida.” (Juan 14:6)
•“Yo soy el único camino al Padre [Dios].” (Juan 14:6)
•“Si me has visto, has visto al Padre.” (Juan 14:9)

Una vez más, debemos ir atrás al contexto. En las Sagradas Escrituras Hebreas, cuando Moisés preguntó a Dios su nombre en la zarza ardiente, Dios respondió, “YO SOY.” Él le estaba diciendo a Moisés que Él es el único Creador, eterno y trascendente en el tiempo.
Desde el tiempo de Moisés, ningún judío practicante se referiría a sí mismo o ningún otro por el “Yo Soy.” Como resultado, la afirmación del “YO SOY” de Jesús enfureció a los líderes judíos. Una vez, por ejemplo, algunos líderes le explicaron a Jesús porque ellos estaban tratando de matarlo: “Porque usted, un simple hombre, se ha llamado a usted mismo Dios” (Juan 10:33).

Pero el punto aquí no es simplemente que tal frase enojara a los líderes religiosos. El punto es que ellos conocían exactamente lo que él estaba diciendo—él estaba afirmando ser Dios, el Creador del Universo. Sólo esta afirmación habría traído la acusación de blasfemia. Leer en el texto que Jesús afirmó ser Dios es claramente justificado, no simplemente por sus palabras, pero también por la reacción a estas palabras.

¿Qué clase de Dios?

La idea de que somos todos parte de Dios, y que dentro de nosotros esta la semilla de divinidad, simplemente no es un posible significado de las palabras y acciones de Jesús.Tales pensamientos son revisionistas, extraños a su enseñanza, extraños a su declaración de creencias, y extraño al entendimiento de sus discípulos de su enseñanza.

Jesús enseño que él es Dios en la manera que los Judíos entendían a Dios y la manera que las Escrituras Hebreas retrataban a Dios, no en la manera en que el movimiento de Nueva Era entiende a Dios. Ni Jesús o su audiencia han sido criados en Star Wars, y entonces cuando ellos hablaron de Dios, ellos no estaban hablando de fuerzas cósmicas. Es simplemente mala historia redefinir lo que Jesús quiso decir con el concepto de Dios.

Pero si Jesús no era Dios, ¿seguimos bien nosotros llamándolo un gran maestro moral? C.S. Lewis argumentó, “Estoy aquí tratando de impedir a cualquiera de decir la cosa realmente absurda que la gente a menudo dicen de Él: ‘Estoy listo para aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto su afirmación de ser Dios.’ Esa es la única cosa que no debemos de decir.”[7]

En su búsqueda de la verdad, Lewis supo que él no podía tener ambos sentidos con la identidad de Jesús. O Jesús era quien afirmaba ser—Dios en la carne, —o sus afirmaciones eran falsas. Y si ellas eran falsas, Jesús no podría ser un gran maestro moral. Él estaría mintiendo  intencionalmente o sería un lunático con el complejo de Dios.

¿Era Jesús un Mentiroso?

Uno de los más conocidos y más influyentes trabajos políticos de todos los tiempos fue escrito por Nicolás Maquiavelo en 1532. En su clásico, El Príncipe, Maquiavelo exalta el poder, el éxito, la imagen, y la eficiencia por encima de la lealtad, la fe, y la honestidad. Según Maquiavelo, mentir está bien si logra un fin político.

¿Podría Jesucristo haber sido motivado por este principio Maquiavélico? De hecho, los opositores Judíos de Jesús estuvieron constantemente tratando de exponerlo como un fraude y un mentiroso. Ellos lo inundaron con preguntas en un intento de ponerle una trampa y hacerlo contradecirse a si mismo. Sin embargo, Jesús respondió con notable consistencia.

La pregunta con la que debemos lidiar es, ¿qué podría motivar a Jesús a vivir su vida entera como una mentira? El enseñó que Dios se oponía a la mentira y la  hipocresía, entonces él no lo estaría haciendo para complacer a su Padre. Él claramente no mintió para el beneficio de sus seguidores. (Todos menos uno fueron martirizados.) Y así somos dejados con sólo otras dos explicaciones razonables, cada una de las cuales es problemática.

Beneficio

Mucha gente ha mentido por ganancia personal. De hecho, la motivación de la mayoría de los mentirosos es algún beneficio percibido para sí mismos. ¿Qué podría haber esperado ganar Jesús al mentir sobre su identidad? El poder sería la respuesta más obvia. Si la gente creía que él era Dios, él tendría un enorme poder. (Eso es porque muchos líderes antiguos, tal como el del César, afirmaban un origen divino.)El problema con esta explicación es que Jesús rechazó todos los intentos de moverlo a él en la dirección del poder sentado, en vez de regañar a aquellos que abusaron de tal poder y vivieron sus vidas persiguiéndolo. Él también escogió alcanzar a los relegados (prostitutas y leprosos), aquellos sin poder, creando una red de gente cuya influencia era menos que cero. En una manera que puede solo ser descrita como extraña, todo lo que Jesús hizo y dijo se movió diametralmente en la otra dirección del poder.

Parece que si el poder fue la motivación de Jesús, él habría evitado la cruz a toda costa. Sin embargo, en varias ocasiones, él dijo a sus discípulos que la cruz era su destino y misión. ¿Cómo podría morir en una cruz romana traerle a uno poder?

La muerte, por supuesto, trae todas las cosas en el enfoque adecuado. Y mientras muchos mártires han muerto por una causa en la que ellos creían, pocos han estado dispuestos a morir por una mentira conocida. Ciertamente toda esperanza para la propia ganancia personal de Jesús habría terminado en la cruz. Aún, a su último aliento, él no renunciaría a su afirmación de ser el único Hijo de Dios.

Un Legado

Por lo tanto si Jesús no iba a mentir para beneficio personal, quizás sus afirmaciones radicales fueron falsificadas con el propósito de dejar un legado. Pero la posibilidad de ser golpeado a una pulpa y clavado a una cruz humedecería rápidamente el entusiasmo de la mayoría, que serían superestrellas.

Aquí hay otro hecho fascinante. Si Jesús estuvo hubiera simplemente dejado caer la afirmación de ser el Hijo de Dios, él nunca habría sido condenado. Fue su afirmación de ser Dios y su poca disposición de retractarse de ello que lo llevó a la crucifixión. Si realzando su credibilidad y reputación histórica fue lo que motivó a Jesús a mentir, hay que explicar cómo un carpintero de un pueblo pobre de Judea pudo anticipar estos eventos que lanzarían su nombre a prominencia mundial. ¿Cómo sabría él que su mensaje sobreviviría? Los discípulos de Jesús habían huido y Pedro lo había negado. No exactamente la fórmula de lanzamiento de un legado religioso.

¿Los historiadores creen que Jesús mintió? Los estudiosos han escudriñado las palabras y vida de Jesús para ver si hay alguna evidencia de un defecto en su carácter moral. De hecho, incluso los más ardientes escépticos están atónitos por la moral y pureza ética de Jesús. Uno de estos era el escéptico y antagonista John Stuart Mill (1806-73), el filósofo. Mill escribió de Jesús:

“Sobre la vida y dichos de Jesús hay un sello personal de originalidad combinado con profundidad de perspicacia en el primer rango de hombres de sublime genio de los cuales nuestra especie puede jactarse. Cuando este preeminente genio es combinado con las cualidades de probablemente el más grande reformador moral y mártir de esa misión que jamás haya existido sobre la tierra, la religión no puede decir haber hecho una mala elección escogiendo a este hombre como el representante ideal y guía para la humanidad.”[8]

De acuerdo con el historiador Philip Schaff, no hay evidencia, ni en la historia de la iglesia o en la historia secular, de que Jesús mintió acerca de nada. Schaff argumentó,:

“¿Cómo, en nombre de la lógica, sentido común, y experiencia, podría un mentiroso, egoísta, un hombre depravado haber inventado, y continuamente mantenido desde el principio hasta el fin, el más puro y noble carácter conocido en la historia con el más perfecto aire de verdad y realidad?”[9]

Para ir con la opción de mentiroso parece nadar contra corriente ante todo lo que Jesús enseñó, vivió, y por lo que murió. Para la mayoría de los estudiosos, simplemente no tiene sentido. Sin embargo, para negar las afirmaciones de Jesús, uno debe llegar con alguna explicación. Y si las afirmaciones de Jesús no son verdad, y él no estaba mintiendo, la única opción restante es que él debió haber sido auto-engañado.

¿Era Jesús un Lunático?

Albert Schweitzer, quién fue galardonado con el Premio Nobel en 1952 por sus esfuerzos humanitarios, tenía sus propias opiniones sobre Jesús. Schweitzer concluyó que la locura estaba detrás de las afirmaciones de Jesús de ser Dios. En otras palabras, Jesús estaba equivocado sobre sus afirmaciones pero no mintió intencionalmente. De acuerdo a esta teoría, Jesús en realidad estaba engañado, creyendo que él era el Mesías.

C.S. Lewis consideró esta opinión cuidadosamente. Lewis dedujo la locura de las afirmaciones de Jesús—si ellas no son verdad. Él dijo que alguien que afirmaba ser Dios no sería un gran maestro moral.  “Él podría ser un lunático—al nivel de un hombre que dice que él es un huevo hervido—o de lo contrario él sería el Diablo del Infierno.”[10]

Incluso los más escépticos del cristianismo rara vez cuestionan la cordura de Jesús. El reformador social William Channing (1780-1842), ciertamente no un cristiano, hizo la siguiente observación sobre Jesús:“El cargo de un extravagante, auto-engañado entusiasmo es lo último de lo que puede ser atribuido a Jesús. ¿Dónde podemos encontrar rastros de ello en la historia? ¿Los detectamos en la tranquila autoridad de Sus preceptos”[11]

Si bien su propia vida fue llena de inmoralidad y escepticismo personal, el nombrado filosofo francés Jean-Jacques Rousseau (1712-78) reconoció el carácter superior y la presencia de juicio de Jesús:

“Cuando Platón describe su imaginario hombre recto, cargado con todos los castigos de culpa, pero mereciendo la más alta recompensa de virtud, él describe exactamente el personaje de Jesús. …Que presencia de juicio. …Si, si la vida y muerte de Sócrates son aquellas de un filósofo, la vida y muerte de Jesús son aquellas de un Dios.”[12]

Schaff planteó la interrogación que debemos preguntarnos nosotros mismos:

“¿Es ese el intelecto—completamente sano y vigoroso, siempre listo y siempre sereno –responsable de un radical y más serio engaño en relación con su propio carácter y misión?”[13]

Entonces, ¿Fue Jesús un mentiroso o un lunático, o fue el Hijo de Dios? ¿Podría haber estado en lo correcto, Jefferson al etiquetar a Jesús de “solo un buen maestro moral” mientras negándole su deidad? Interesantemente, la audiencia que escuchó a Jesús—ambos creyentes y enemigos—nunca lo consideró como un simple maestro moral. Jesús produjo tres efectos principales en la gente que lo conocían: odio, terror, o adoración.

Y hoy, 2000 años más tarde, Jesús sigue siendo la persona más polarizadora en nuestro mundo. Aún no son su moralidad y ética, o legado que inflaman pasiones. El mensaje que Jesús trajo al mundo fue que Dios nos hizo con un propósito—y ese propósito está envuelto en Su Hijo.

Las afirmaciones de Cristo Jesús nos obligan a escoger. Como Lewis declaró, no podemos poner a Jesús en la categoría de ser solamente un gran líder religioso o un buen maestro moral.  Este pasado profesor de Oxford y escéptico nos desafía a tomar decisiones en cuanto a Jesús:

“Usted debe hacer una elección. O este hombre fue y es el Hijo de Dios: O bien un loco o algo peor. Usted puede encerrarlo a Él como un tonto, usted puede escupirle a Él y matarlo como a un demonio o usted puede caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no nos permita venir con ninguna afirmación condescendiente y sin sentido acerca de que es un gran maestro humano. Él no nos dejo esa posibilidad abierta a nosotros. No era su intención.”[14]

El pasado ateo de Lewis concluyó que Jesús no era ni un mentiroso ni un lunático.  La mejor explicación para la vida única, los milagros y las afirmaciones de Jesús es que él es Señor y Dios.

El apóstol Pablo, quien anteriormente rechazó a Jesucristo como otro radical con complejo de Mesías, luego escribe de él así:“Pues Cristo es la expresión visible del Dios invisible.  Existió antes de que empezara la creación, porque por él fueron creadas todas las cosas, sean espirituales o materiales, visibles o invisibles… Es más, absolutamente toda cosa fue creada por medio y para él… La vida de la nada inició por él, y él es, por lo tanto, justificablemente llamado el Señor de todo.”  Colosenses 1:15-17.

J.B. Phillips.

martes, 30 de abril de 2019

El gran Mandamiento


Mateo 22:37

Jesús resumió toda la ley en dos grandes mandamientos: ”Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu mente, toda tu alma todas tus fuerzas…y el segundo es semejante la primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo...”

¿Con qué amaremos a Dios?

1.   Con todo el corazón: La razón por la cual Jesús nos dice que sea con todo nuestro corazón es muy simple, ya que ahí se encuentra todos nuestros caminos, metas y nuestra voluntad. Por lo tanto Dios quiere que lo amemos, no por obligación, sino por voluntad propia.

2.     Con toda la mente: Tanto en el corazón como en la mente se encuentra nuestra voluntad pero en este último también se encuentra el control de lo que haces. Es importante cuidarlo y evitar que nuestra mente quede en manos equivocadas mediante malos consejos o hacer las cosas que a Dios no le agrada.

3.    Con toda el alma: A veces, tomamos decisiones por emociones, lo que nos puede cegar nuestra meta y hacernos equivocar. Dios quiere que no pensemos con nuestras emociones ya que habrá momentos en que quizá el enojo esté presente y muchos sabemos que pensar estando enojado no es muy buena idea. Pero que nuestras emociones estén enfocadas hacia aquel Dios que todo lo sabe y que tiene una respuesta para cada uno de nosotros en cada momento de nuestra vida.

4.     Con todas nuestras fuerzas: Cada día necesitamos de esa energía para hacer las cosas que hacemos y tener un ánimo adecuado. Enfocar con ánimo y energía y un amor hacia Dios, puede hacer que el día de hoy, no importa la hora, Dios nos pueda halar o podamos hacer grandes cosas para Dios.

Cuando nos dice Jesús que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos, es ver a cada persona que nos rodea como si fuera parte de nuestra familia, de ahí la razón por la cual está resumida toda la ley. Estrecharle la mano a un amigo y darle un abrazo fuerte, no es amar a un amigo, es simplemente saludar a un amigo, pero preocuparte por él y ver que se encuentre mejor que nosotros mismos, eso es amarlo.

Jesús sabía el destino de cada persona en la tierra y lo dejó todo. Siendo pobre pero teniendo riquezas que nadie puede contra, dejándose golpear e insultar, teniendo el poder más grande conocido por la historia, también siendo el Señor de Señores y lavarle los pies a sus discípulos y morir en la cruz, solo para que tú y yo vivamos mejor en la tierra, simplemente eso es amor al prójimo.
   Compilado

domingo, 31 de marzo de 2019

El chisme


Todos sabemos muy dentro de nosotros, que aunque la mayoría lo hace, hablar mal sobre otras personas está mal. La persona sobre quien estás hablando está siendo dañada sin fin. Sin embargo, nos preguntamos, ¿Por qué a ojos de Dios el que escucha pasivamente es aquel qué está haciendo el mayor mal? La respuesta recae en la palabra "pasivamente". 

De las tres partes, el que escucha es el único que tiene la posibilidad de detener el habla negativa.  El que habla ya tomó la decisión de hablar mal de otros. La persona sobre la cual se está hablando no tiene control sobre la situación. 


El que escucha es el único que tiene el poder de cambiar el curso de la conversación, que es la razón por la cual Dios lo pone en el lugar del que escucha. Cuando el chisme viene, es porque algo anda mal en vida de la persona.


EL QUE ES CHISMOSO NO ES FIEL. 

Proverbios 11:13: “La gente chismosa todo lo cuenta; la gente confiable sabe callar".

EL QUE ES CHISMOSO, NO SABE SER AMIGO. 
Proverbios 17:9: "Quien perdona, gana un amigo; quien no perdona, gana un enemigo."

EL CHISMOSO APARTA AL AMIGO. 
Proverbios  16:28: "El que es malvado y chismoso provoca peleas y causa divisiones."

EL CHISME MATA. 
Proverbios 18:8: "¡Qué sabrosos son los chismes, pero cuánto daño causan!"

APÁRTATE DEL CHISMOSO. 
Proverbios  26:20: "El fuego se apaga si no se le echa más leña, y el pleito se acaba si no siguen los chismes."

HABLAR DEMÁS ES PECADO. 
(Leer Proverbios 29:20) Fíjate en la gente que no piensa lo que dice: ¡Más puedes esperar de un tonto que de esa clase de gente! Este tipo de persona no se mide en lo que dice, se esconde en la frase así soy de franca, digo siempre lo que pienso. ¿Qué tipo de persona carga con el chisme? El chisme es un síntoma de que hay un dolor profundo, hay una carencia en la persona.

¿CUALES SON LAS CARACTERÍSTICAS DEL CHISMOSO?

1. LA PERSONA QUE PARTICIPA DEL CHISME NO TIENE TEMOR DE DIOS. 

Romanos 1:28-30 "Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su inútil mente los lleva hacer. 29 Son gente injusta, malvada y codiciosa. Son envidiosos, asesinos, peleoneros, tramposos y chismosos. 30 Hablan mal de los demás, odian a Dios, son insolentes y orgullosos, y se creen muy importantes. Siempre están inventando nuevas maneras de hacer el mal, y no obedecen a sus padres." 

La murmuración es lo mismo que chisme y queja. Jesús pago el mismo precio por el chismoso como por el fornicario. A veces la religiosidad nos hace pensar que los pecados que se oyen más feo tienen más peso al oído de Dios y no, ya basta de diferenciar los pecaditos de los pecadotes. Para El no hay diferencia de pecado. El que practica pecado lleva la pena de muerte, al menos que los confesemos y volvamos nuestras vidas a Él, su gracia nos cubrirá. La murmuración fue suficiente para cancelar las bendiciones del pueblo de Israel, y si lo hizo con ellos lo va a hacer contigo. Analiza en que conversaciones participas. No olvides que las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres, pues al practicar el chisme también practicas el pecado. Y todo pecado no confesado, será juzgado.

2. EL CHISMOSO NO SABE AMAR. 

1 Pedro 4:8 "Sobre todo, ámense mucho unos a otros, porque el amor borra los pecados". 

Cuando no corriges al hermano que está en pecado eres tan culpable como él, pues te vuelves su cómplice. Cuando una persona cae defiéndela pero sin justificarla. El amor cubre, no solapa y no ataca.  Cuando una persona ha caído en pecado defiéndelo sin justificarlo. Necesitamos resolver el problema dando soluciones y no pisoteándolo. Trátalo como quisieras que lo hagan contigo cuando tú fallas. Si tú no sabes cubrir a alguien, no sabes amar porque el amor cubre y no ataca, debes ser parte de su proceso de sanción. Si Dios te ha puesto a resolver problemas no debes ser neutral, solo para no meterte en problemas; no puedes quedarte callado solo para lavarte las manos y eso no agrada a Dios por eso El nos ha dado el Ministerio de la Reconciliación. No debes ser tibio y decir yo no me meto en nada, yo solo observo. Dios vomitara a los tibios, así que se frío o se caliente.

3. EL CHISMOSO TIENE AMARGURA DETRÁS. 

Hebreos 12:14-15 "Traten de vivir en paz con todos y de obedecer a Dios, porque si no lo hacen, jamás lo verán cara a cara.15 No dejen que nadie se aleje del amor de Dios. Tampoco permitan que nadie cause problemas en el grupo, porque eso les haría daño; ¡Sería como una planta amarga que los envenenaría!" 

Cuando hay chisme hay amargura detrás, pues el herido hiere.

¿CÓMO SE RESUELVE ESTE CONFLICTO?

Jesús les puso este otro ejemplo: 

"En el reino de Dios sucede lo mismo que le pasó a uno que sembró en su terreno muy buenas semillas de trigo. 25 Mientras todos dormían, llegó su enemigo y, junto a las semillas de trigo, sembró unas semillas de una mala hierba llamada cizaña, y después se fue. 26 "Cuando las semillas de trigo produjeron espigas, los trabajadores se dieron cuenta de que también había crecido cizaña. 27 Entonces fueron adonde estaba el dueño del terreno y le dijeron: "Señor, si usted sembró buenas semillas de trigo, ¿por qué creció también la cizaña?" 28 "El dueño les dijo: "Esto lo hizo mi enemigo". "Los trabajadores le preguntaron: "¿Quieres que vayamos a quitar la mala hierba?"  29 "El dueño les dijo: "¡No! A lo mejor ustedes van y arrancan el trigo junto con la cizaña, porque el trigo y la cizaña se parecen mucho. 30 Cuando llegue el tiempo de la cosecha podremos distinguir entre el trigo y la cizaña. Dejen que las dos plantas crezcan juntas. Cuando llegue el tiempo de la cosecha, enviaré a los trabajadores para que arranquen primero la cizaña, la amontonen y la quemen. Luego recogerán el trigo y lo llevarán a mi granero". Mateo 13:24-30.

Desgraciadamente el chisme nunca cesará; El trigo y la cizaña crecerán juntos, solo se diferenciaran por el fruto, así que protégete del chisme. 


Si eres parte de la solución Dios, Él te dará gracia para que lo confrontes con amor. 1 Tes. 5:1-3. "El tiempo te demostrará que vale más una crítica sincera que un elogio."

3 PASOS PARA EL PROCESO DE SANACIÓN

Mateo 18:15-17  "Si alguno de mis seguidores te hace algo malo, habla con él a solas para que reconozca su falta. Si te hace caso, lo habrás ganado de nuevo. 16 Si no te hace caso, llama a uno o dos seguidores míos, para que te sirvan de testigos. La Biblia enseña que toda acusación debe hacerse frente a dos o más testigos. 17 Y si aquel no les hace caso, infórmalo a la iglesia. Y si tampoco quiere hacerle caso a la iglesia, tendrás que tratarlo como a los que no creen en Dios, o como a uno de los que cobran impuestos para el gobierno de Roma."

1. Ve y repréndele estando a solas con él. Debes hacerlo de tal forma que sepa que hay amor en tus palabras y una base bíblica.

2. Si no lo resuelves a solas, lleva contigo 1 o 2 testigos y vas con él de nuevo.

3. Si no hace caso, entonces ve con el Pastor. Levítico 19:16: "No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentaras contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová". Tomemos conciencia de este mal dentro de la congregación, no participemos del chisme y la división. Seamos parte de la solución y no del problema.  


Compilado

jueves, 28 de febrero de 2019

Amar a un ser humano


Amar a un ser humano es aceptar la oportunidad de conocerlo verdaderamente y disfrutar de la aventura de explorar y descubrir lo que guarda más allá de sus máscaras y sus defensas; contemplar con ternura sus más profundos sentimientos, sus temores, sus carencias, sus esperanzas y alegrías, su dolor y sus anhelos; es comprender que detrás de su careta y su coraza, se encuentra un corazón sensible y solitario, hambriento de una mano amiga, sediento de una sonrisa sincera en la que pueda sentirse en casa; es reconocer, con respetuosa compasión, que la desarmonía y el caos en los que a veces vive son el producto de su ignorancia y su inconsciencia, y darte cuenta de que si genera desdichas es porque aún no ha aprendido a sembrar alegrías, y en ocasiones se siente tan vacío y carente de sentido, que no puede confiar ni en si mismo; es descubrir y honrar, por encima de cualquier apariencia, su verdadera identidad, y apreciar honestamente su infinita grandeza como una expresión única e irrepetible de la vida.

Amar a un ser humano es ser suficientemente humilde  como para recibir su ternura y su cariño sin representar  el papel del que nada necesita; es aceptar con gusto lo que te brinda sin exigir que te dé lo que no puede o no desea;  es agradecerle a la Vida el prodigio de su existencia y sentir en su presencia una auténtica bendición en tu sendero;  es disfrutar de la experiencia sabiendo que cada día es una aventura incierta y el mañana, una incógnita perenne;  es vivir cada instante como si fuese el último que puedes  compartir con el otro, de tal manera que cada reencuentro sea tan intenso y tan profundo como si fuese la primera vez  que lo tomas de la mano, haciendo que lo cotidiano sea siempre una creación distinta y milagrosa.

Amar a un ser humano es también atreverte a establecer  tus propios límites y mantenerlos firmemente;  es respetarte a ti mismo y no permitir que el otro transgreda  aquello que consideras tus derechos personales; es tener tanta confianza en ti mismo y en el otro, que sin temor a que la relación se perjudique,  te sientas en libertad de expresar tu enojo  sin ofender al ser querido, y puedas manifestar  lo que te molesta e incomoda sin intentar herirlo o lastimarlo. Es reconocer y respetar sus limitaciones y verlo con aprecio sin idealizarlo; es compartir y disfrutar de los acuerdos y aceptar los desacuerdos, y si llegase un día  en el que evidentemente los caminos divergieran sin remedio,  amar es ser capaz de despedirte en paz y en armonía, de tal manera que ambos se recuerden con gratitud por los tesoros compartidos.

Amar a un ser humano es ir más allá de su individualidad como persona; es percibirlo y valorarlo como una muestra de la humanidad entera, como una expresión del Hombre, como una manifestación palpable  de esa esencia trascendente e intangible llamada "ser humano",  de la cual tú formas parte;  es reconocer, a través de él, el milagro indescriptible de la naturaleza humana, que es tu propia naturaleza, con toda su grandeza y sus limitaciones; apreciar tanto las facetas luminosas y radiantes de la humanidad, como sus lados obscuros y sombríos; amar a un ser humano, en realidad, es amar al ser humano en su totalidad; es amar la auténtica naturaleza humana, tal como es y por tanto, amar a un ser humano es amarte a ti mismo  y sentirte orgulloso de ser una nota en la sinfonía de este mundo. 
Adaptado


lunes, 28 de enero de 2019

Reinventarse

Todo lo bueno, lo malo, lo fácil o lo difícil que estamos viviendo, no es para siempre, es una temporada, sólo una etapa; y si tenemos la habilidad para reconocer en qué temporada vivimos, va a ser más fácil experimentar la guía de Dios. Mientras más pronto podamos reconocer cuándo una temporada ha terminado y otra ha comenzado, más pronto podremos re inventarnos y dejar atrás el pasado para adaptarnos a las nuevas circunstancias. Los tiempos cambian inevitablemente y debemos aprender a considerar cada temporada que atravezamos como una oportunidad para crecer y acercarnos más a Dios.


domingo, 27 de enero de 2019

Dice el necio en el corazón: No hay Dios


“Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien. Jehová miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, para ver si había algún entendido, que buscara a Dios. Todos se desviaron, a una se han corrompido; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno”.  - Salmo 14:1-3

Si yo les contara la siguiente historia….. Hace unos días estaba en el desierto del Sahara. No había nada a mi alrededor, solo arena. De repente, de la nada apareció frente a mí un punto, como una pequeña luz que explotó con la potencia de una bomba nuclear, y se creó una ciudad gigantesca… Obviamente, cualquier persona con dos dedos de frente, diría: “Carlos, lo que tú me cuentas no solo es increíble, es imposible. De la nada no puede aparecer algo, así como así, y menos que al explotar haya creado una ciudad gigantesca…. Perdóname, pero solo un tonto puede creer algo parecido”. Obvio.

Nadie en su sano juicio, puede creer que de la nada, del cero absoluto, del vació total, de repente, solito, sin razón alguna, aparezca algo… pero no solo aparece, sino que además es súper poderosísimo porque tiene concentrado un poder infinito, y que luego en un micro segundo, sin que nada lo motive…. Explotó… y se hizo el inmenso universo que hoy conocemos. Y aunque viéndolo de esta manera, parece un cuento increíble, es lo que otros nos han vendido como la teoría del Bing Bang en cuanto a la creación de universo. ¡Y muchos la creen, y te discuten, y te tratan como si fueras tonto cuando les dices que no puedes creer en una teoría tan absurda y que va contra todas las leyes de la física!

Quizás por eso, la Biblia dice: “Dice el necio en su corazón no hay Dios”. Porque en el fondo, esta teoría busca desesperadamente una explicación sobre la creación del universo… pero que no incluya a Dios en el proceso. Y como no hay manera lógica de explicar la existencia del universo sin la participación de Dios, es necesario crear una teoría absolutamente ilógica, y hasta fantasiosa, para poder creer en algo.

¡Piénselo por un instante! ¡De la nada salió algo, explotó en un micro segundo… y se creó todo el universo conocido y desconocido! Por Dios…. ¿Se dan cuenta de lo absurdo e increíble? Pero es que en el fondo, estamos dispuestos a creer lo que sea… siempre y cuando Dios no sea parte de ello. ¿Por qué? Porque es un acto de rebeldía contra Dios, porque lo que no quiero es reconocer que hay un Dios ante el cual debo dar cuenta de mis actos, porque quiero sentirme dueño de mi mismo y determinar lo que es bueno y malo para mi, y que nadie me diga lo que debo hacer porque yo quiero hacer lo que me da la gana. Es un acto de rechazo ante un ser superior que estableció ciertas normas a las que no quiero sujetarme… Y esto se aplica a todas las áreas de la vida. Somos capaces de creer lo increíble, con tal de controlar nuestro destino pero sin darle cuentas a Dios. ¿Realmente cree que si echa sal en la mesa… el universo se confabula contra Ud. y le trae siete años de mala suerte? ¿Realmente cree que si pone una foto de billetes de dólar en su página de Facebook, le vendrá un año lleno de prosperidad? … Son creencias populares, absurdas, pero a las que muchas personas creen a ciegas.

Pero si les decimos: “Cree en la Palabra de Dios, porqué ahí está tu salvación. Cree en el Señor Jesucristo y síguelo porque ese es el camino a la presencia de Dios”… inmediatamente reaccionan, discuten, ponen en duda, se burlan…. Porque hay una actitud de rebeldía ante Dios… y por eso si abres una Biblia se reirán de ti… pero si les cuentas una historia de fantasmas o de extraterrestres te escucharán con toda su atención. Y por eso la Biblia les llama: “Necios”.  

Ps.Karl Hardmeier


El éxito viene de Dios


“Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día”. (Deuteronomio 8:18)

Muhammed Ali (Cassius Marcelus Clay) es considerado por muchos entendidos el mejor boxeador de todos los tiempos. Ganó 56 de sus 61 peleas profesionales y dejó fuera de combate a 37 de sus oponentes. Su frase más famosa fue «Yo soy el más grande».

Un día, Ali estaba sentado en un avión. Cuando uno de los asistentes de vuelo vino por el pasillo comprobando que todos los pasajeros tuviesen puesto el cinturón de seguridad, al llegar al asiento de Ali le pidió abrocharse. «Supermán no necesita cinturón», sonrió con desprecio el púgil. El asistente de vuelo sonrió dulcemente y replicó, «Supermán tampoco necesita un avión». Ali se colocó su cinturón.

Cuanto mayor sea nuestro éxito, mayor será el riesgo de que nos vanagloriemos y de que consideremos que nuestra inteligencia y nuestra capacidad como son los únicos factores de nuestra prosperidad. Dios queda relegado de nuestras vidas y el yo recibe toda la alabanza.

El historiador escocés Thomas Carlyle observó: «Parecería que la adversidad es muy difícil para los hombres. Sin embargo, por cada cien personas que se mantienen en pie frente a la adversidad, solo hay una que se mantiene en pie frente a la prosperidad. El éxito repentino frecuentemente lleva al orgullo y a la caída. Para sobrevivir, la prueba más exigente de todas es la prosperidad».

¿Cómo ves lo que has llegado a poseer? Quizá después de ser pobre o de ocupar posiciones sin importancia, ahora goces de muchas comodidades. Quizá seas dueño de varias casas, o el pequeño negocio se ha convertido en una gran empresa. Puede que hayas alcanzado una posición de prestigio y fama. ¿Qué piensas al considerar el éxito alcanzado? Debes considerar tus logros no como resultado de tu fuerza, sino como una bendición de Dios. Él es quien da la fuerza y los talentos para triunfar. Todo lo que tienes, lo has recibido de la mano de Dios. Si eres inteligente, si tienes buena salud o buena formación académica, debes darle las gracias al Señor y dejar a un lado toda arrogancia.

Tú no lograste el éxito; lo recibiste como un regalo de Dios. Camina en humildad delante de Dios. Para no ser humillado bajo su mano poderosa, dile hoy al Señor: «Todo te pertenece a ti; yo soy solamente tu mayordomo».
Compilado








El Cristo de Hispanoamérica I


Ciertamente, el Cristo llegó a nosotros vía España: la España que dotada de un sentido de misión, de una mística muy propia del espíritu íbero, realizó la conquista y colonización de gran parte del Nuevo Mundo. "Por la primera y última vez en la historia del cristianismo", dice Juan Mackay, "la espada y la cruz formaron una alianza ofensiva para llevar el cristianismo, o lo que se consideraba como tal, a tierras extrañas".

Al frente de la empresa venía el almirante genovés don Cristóbal Colón, quien ufanándose de la etimología de su nombre Cristóforo se consideraba un verdadero "portador de Cristo". ¿De cuál Cristo? preguntamos. Ningún otro sino el de las austeras vestimentas medievales, el de los rígidos y fríos escolásticos, el Cristo del pueblo español, el cual en la actualidad la mayoría rinde adoración, o sea el Cristo carne (Jesús de Nazareth).        

Muy extraño debe haberles parecido a los aborígenes americanos este Cristo de sus conquistadores: el dios blanco que muere por toda la humanidad, establece una religión cuyo jefe máximo está en Roma, y cuenta entre sus seguidores al rey hispano, quien envía un grupo de sus aguerridos súbditos a descubrir y sojuzgar tierras misteriosas y lejanas al otro lado del mar. En nombre de Dios y del rey estos castellanos, rubios como el sol y cabalgando briosos corceles, matan indios a diestra y siniestra, les despojan de sus tierras, les violan a sus mujeres, y convierten a todos, los que sobreviven la matanza, en esclavos del papa y del gran imperio español, “En muchos casos”, "el espíritu de la espada fue más fuerte y poderoso que el espíritu de la cruz. Para muchos Cristo no era un Salvador que había dado su vida por ellos sino un tirano celestial que destruía las vidas para su gloria, por la conquista de dominios y terrenos.

Con excepción de la obra caritativa de algunos frailes misioneros, como la del célebre protector de los indios Fray Bartolomé de las Casas, muy poco hicieron los colonizadores en el terreno económico y social para borrar la impresión negativa que los aborígenes habían recibido en su primer encuentro con el Cristo en cuyo nombre lo habían perdido todo, inclusive la libertad. Los seguidores y defensores de este Cristo seguían oprimiéndolos y degradándolos, y la nueva raza que surgió de la unión de dos sangres no corrió mejor suerte que la sufrida por los autóctonos americanos.

No era éste el Cristo que anunciaban con notas de oro los clarines de la Reforma religiosa del siglo XVI. Esta se quedaría atrás, allá en España, combatida tenazmente por Ignacio de Loyola, aplastada por Carlos V y Felipe II, consumida en las llamas implacables de los autos de fe. Mientras otros países europeos se sacudían la modorra de siglos en el despertar convulsivo de la Reforma , España seguía quieta, inerte, sin experimentar en su religión los dolores de parto de una nueva era.

“El otro Cristo español”, que llegaron a cantar en poemas incomparables los grandes místicos de España, corno  Juan de la Cruz y Fray Luis de Granada, fue lento en su peregrinar al nuevo continente.  Si tuvo seguidores aquí desde el principio de la colonia, su influencia no fue lo suficientemente poderosa como para anular del todo la del Cristo de las tradiciones. Con todo, mucho empeño pusieron los misioneros para hacer aceptable su Cristo a la mentalidad de la raza oprimida; y en su afán de adaptarse a la cultura indiana no pudieran evitar el sincretismo religioso.  Toleraron y estimularon la mezcla del cristianismo español con las ideas y prácticas de la religión local. Cristo, la virgen y los santos vinieron a aumentar el número de deidades en el panteón americano. Al mismo tiempo muchísimos aborígenes continuaron adorando a sus antiguos dioses en las imágenes traídas por el catolicismo.  Detrás de estos santos de blanca tez y ojos azules se alzaba la presencia mágica y poderosa de dioses y diosas regionales que seguían muy campantes haciendo de las suyas en la experiencia religiosa de sus adoradores.
Continuará en la Parte II







El Cristo de Hispanoamérica II

Parte II

EL CRISTO IMAGEN
  
Muy útil sería en el trabajo catequístico de la Iglesia en tierras americanas el Cristo imagen que tan prominente era ya en la religión de los colonizadores. Era mucho más fácil mostrar una imagen que explicar un dogma; hacer un cambio de imágenes europeas por los ídolos autóctonos que arrancar de cuajo ideas religiosas que eran producto de siglos. Tampoco era difícil americanizar la imagen del Cristo, El sincretismo religioso se expresaría también en esculturas y pinturas de un Jesús que retiene sus facciones extranjeras pero en color moreno. Hay muchos cristos mestizos, y aun negros, en nuestra América hispana. Aquí también el Cristo se volvería piedra y madera, lienzo y estampa -obra de arte a veces magnífico- escultura y pintura en la gloria de los altares, en el rincón hogareño, en la celda monacal, en el cruce de los caminos, en la cresta de las montañas. El Cristo imagen habría de proyectar su sombra a lo largo de todo un continente.

Esta figura del Cristo se hizo familiar en campos y ciudades, y al fin despertó en la gente hondas simpatías. Después de todo el Cristo es un niño en los brazos protectores de su madre, inofensivo y dulce como todos los niños. ¿Cómo puede El ser un déspota o un tirano? Si no es capaz de liberar a la raza de sus ominosas cadenas tampoco puede culpársele de haberlas forjado Él con sus débiles e infantiles manos.

Es el niño que no puede hablar. Su balbuceo es apenas comprendido por María, quien lo sostiene y le cuida. No puede el niño Dios reprocharle a los amos blancos su abuso de poder, su ilimitada codicia y lascivia, sus tremendas injusticias contra el pueblo humillado y vencido, Carece del don maravilloso de la palabra. Es inofensivo tanto para los poderosos como para los débiles y pequeños. Nada puede hacer contra el pecado de los unos y los otros. Es sólo la imagen de un niño que permanece sonriendo, indiferente a la enorme tragedia que ocurre en su derredor. Se está forjando bajo signos despóticos una raza, un nuevo mundo, y este niño Jesús no dice nada.

El indígena niño, subyugado por el patrón blanco, tratado como un niño por sus conquistadores, se identifica consciente o inconscientemente con el Jesús niño y corre a refugiarse en los brazos de la madre bondadosa. Así la veneración a María lleg6 a tener más importancia en nuestra América que el culto a Cristo. Las almas oprimidas buscan a la madre, María, no a su hijo Jesús.

Otra imagen favorita ha sido la del Cristo sufriente. En general, el catolicismo hispanoamericano se ha caracterizado especialmente por la presencia del Nazareno que sufre, agoniza y muere. La cristianización de estas tierras fue una siembra abundante de la cruz. Por este signo venció España en la conciencia de sus nuevos súbditos. Era la religión del crucifijo, del Cristo que muere en impotencia clavado al madero de ignominia. La apoteosis de esta religión se efectúa el Viernes Santo, no el Domingo de Resurrección. Por supuesto, el dogma afirma que el crucificado se levantó al tercer día de entre los muertos; pero el dogma no parece llegar a las masas. Lo que ellas contemplan es al Cristo prisionero, azotado, coronado de espinas, clavado en la cruz, encerrado en su urna funeraria: su aposento de todo el año, de todos los años, de siglos y siglos.         

El Cristo imagen está derrotado; la raza autóctona huye llena de pavor; la nueva raza, la de las dos sangres, la de los dos mundos, nació vencida. Hispanoamérica no sólo ha llorado con Cristo; ha llorado por El. Y más por El que con El. Sus palabras pronunciadas en la vía dolorosa se han echado al olvido: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad por vosotras y por vuestros hijos". Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, al Cristo imagen se le piden favores. Se le compadece y se le teme. Inspira lástima y fe. En grandes emergencias es posible acudir a El, y mucho mejor si la petición se eleva a una de sus imágenes más milagrosas. En su novela El Señor Presidente, Miguel Ángel Asturias pinta a lo vivo la fe de las masas latinoamericanas en el Cristo imagen cuando pone en los labios de una pobre mujer las siguientes palabras:

“A usté es al que yo siento. Debía pasar a pedirle a Jesús de la Merced. ¿Quién quita le hace el milagro? Ya esta mañana, antes de irme a la penitenciaría, fui a prenderle una su candela y a decirle: ¡Mira, negrito! aquí vengo con vos, que por algo sos tata de todos nosotros y me tenés que oír: en tu mano está que esa niña no se muera; así se lo pedí a la Virgen antes de levantarme y ahora paso a molestarte por la misma necesidad; te dejo esta candela en intención y me voy confiada en tu poder; aunque dia-cún rato pienso pasar otra vez a recordarte mi súplica”  

La oración de esta mujer no podía ser más sincera, ni su confianza más grande. Así reza nuestro pueblo; así ha rezado por siglos ante el Cristo crucificado, muerto y sepultado.

EL CRISTO DE LAS MINORÍAS      

El Cristo desconocido por las masas no ha sido mejor comprendido por las minorías de nuestro continente. No pocos ricos y poderosos han hallado muy cómodo creer en el Cristo imagen que sufre pacientemente su calvario y guarda profundo silencio ante el dolor de las masas paupérrimas que le rodean. Durante casi cuatrocientos años sus labios han estado sellados sin pronunciar la palabra que el pueblo espera.

Es bastante fácil tolerar a Jesús Nazareno que no irrita a sus adoradores señalándoles sus pecados, que no despierta las conciencias encallecidas en el ejercicio del mal. Basta con arrojarle una limosna de cuando en cuando y llevarlo en hombros una vez al año en presencia de las almas devotas.  El es el Cristo de la cruz y del sepulcro, amurallado en el templo, encerrado en urnas de cristal, reducido a la impotencia en la seguridad del claustro. El no va a la intimidad de los hogares, ni se interesa en negocios ajenos. Su mundo es la paz sepulcral de los santuarios, de donde raras veces sale para ser admirado, compadecido y llorado por las multitudes.         

En círculos intelectuales el Cristo se vuelve fácilmente un símbolo o una figura retórica. Se le observa desde diferentes ángulos y se le presenta como un caudillo espiritual, maestro o filósofo, reformador social, o como un pobre visionario que equivocó el camino en su afán sincero de liberar al hombre. Algunos lo respetan y admiran; otros pasan frente a El con altiva indiferencia. Estos le prodigan mil elogios y aquellos se burlan de El.  Muchos le toleran con gesto de paternal solicitud.  Le tienen lástima porque le ven, como diría Rubén Darío, yendo aún por las calles “flaco y enclenque".  Es para ellos el Cristo que según Amado Nervo llama en vano a las puertas buscando un sitio donde reposar: Cristo, la ciencia moderna te arroja sin compasión de todas partes. ¡No tienes donde residir, Señor!  (Hospitalidad)                 

No ha faltado quienes le nieguen al Cristo la realidad de su existencia. No andan ellos, por lo tanto, en busca del Jesús histórico. Para otros, El podrá pertenecer al pasado, pero no al presente, ni mucho menos al futuro. Creen vivir en una era pos cristiana, y no ven en Cristo la respuesta para la angustia del hombre contemporáneo.
Continuará en la Parte III