“Sino
acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas,
a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día”.
(Deuteronomio 8:18)
Muhammed Ali (Cassius
Marcelus Clay) es considerado por muchos entendidos el mejor boxeador de todos
los tiempos. Ganó 56 de sus 61 peleas profesionales y dejó fuera de combate a
37 de sus oponentes. Su frase más famosa fue «Yo soy el más grande».
Un día, Ali estaba sentado
en un avión. Cuando uno de los asistentes de vuelo vino por el pasillo
comprobando que todos los pasajeros tuviesen puesto el cinturón de seguridad,
al llegar al asiento de Ali le pidió abrocharse. «Supermán no necesita
cinturón», sonrió con desprecio el púgil. El asistente de vuelo sonrió
dulcemente y replicó, «Supermán tampoco necesita un avión». Ali se colocó su
cinturón.
Cuanto mayor sea nuestro
éxito, mayor será el riesgo de que nos vanagloriemos y de que consideremos que
nuestra inteligencia y nuestra capacidad como son los únicos factores de
nuestra prosperidad. Dios queda relegado de nuestras vidas y el yo recibe toda
la alabanza.
El historiador escocés
Thomas Carlyle observó: «Parecería que la adversidad es muy difícil para los
hombres. Sin embargo, por cada cien personas que se mantienen en pie frente a
la adversidad, solo hay una que se mantiene en pie frente a la prosperidad. El
éxito repentino frecuentemente lleva al orgullo y a la caída. Para sobrevivir,
la prueba más exigente de todas es la prosperidad».
¿Cómo ves lo que has llegado
a poseer? Quizá después de ser pobre o de ocupar posiciones sin importancia,
ahora goces de muchas comodidades. Quizá seas dueño de varias casas, o el
pequeño negocio se ha convertido en una gran empresa. Puede que hayas alcanzado
una posición de prestigio y fama. ¿Qué piensas al considerar el éxito
alcanzado? Debes considerar tus logros no como resultado de tu fuerza, sino
como una bendición de Dios. Él es quien da la fuerza y los talentos para
triunfar. Todo lo que tienes, lo has recibido de la mano de Dios. Si eres
inteligente, si tienes buena salud o buena formación académica, debes darle las
gracias al Señor y dejar a un lado toda arrogancia.
Tú no lograste el éxito; lo
recibiste como un regalo de Dios. Camina en humildad delante de Dios. Para no
ser humillado bajo su mano poderosa, dile hoy al Señor: «Todo te pertenece a
ti; yo soy solamente tu mayordomo».
Compilado

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