¿Qué admiras en una persona? ¿Su cuerpo, lo hermosa que es, o sus cualidades internas? ¿Ambas? Abigail, era sabia, inteligente y amable. Son cualidades admirables en el ser humano, especialmente que ame a Dios con todo el corazón y sea servicial. ¡Qué tremendo contraste! Abigail “era de buen entendimiento y bella presencia” en cambio, su esposo Nabal, “era rudo y de mala conducta”.
Cierto día los hombres de David pidieron un favor a Nabal, éste no les ayudó, fue grosero, déspota; al saber esto, David pensó en quitarles la vida; pero un criado avisó a Abigail, quien tomó alimentos e intercede ante David para que no haga justicia con sus manos. David la oye y obedece. Nabal muere de un infarto al corazón, y Dios hace justicia. Tan impresionado estaba David, que al saber que Abigail queda viuda la toma como su mujer. Es que en Abigail se combina la sabiduría, el temor que tenía de Dios, su belleza e inteligencia al saber hablar; esto cautiva a todo hombre que ama a Dios. David se había prendado de la hermosura de su persona y de la extraordinaria prudencia de su conducta. Ella recibió la solicitud con humildad. Se casó con él por fe, sin importarle que no tuviera domicilio, confiaba en la promesa de Dios a David.
Sobresale la frase: “Bendito sea Jehová, Dios de Israel, que te envió para encontrarme” Dios está detrás de esta escena para enseñarnos que “la venganza es del Señor”. Él hace justicia, y nos otorga sabiduría.
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